Fallida fábula sobre el amor más allá de los polígonos
DIRECTORES: FERNANDO GONZÁLEZ MOLINA.
INTÉRPRETES: MARIO CASAS, MARÍA VALVERDE, DIEGO MARTÍN, LUIS FERNÁNDEZ, NEREA CAMACHO, ÁLVARO CERVANTES.
GÉNERO: DRAMA / ESPAÑA / 2010 DURACIÓN: 120 MINUTOS
SALA DE EXHIBICIÓN: CINES VICTORIA (Don Benito).
El cine español parece haber encontrado un filón en las películas dirigidas al público juvenil, el éxito de Mentiras y gordas, Fuga de cerebros y Pagafantas así parece demostrarlo. Si a eso le unimos el fenómeno Federico Moccia, mediocre autor italiano cuyas novelas arrasan entre el público adolescente, es fácil adivinar que 3 METROS SOBRE EL CIELO- primera novela de Moccia sobre la que ya existe una adaptación italiana a la pantalla grande: A 3 metros sobre el cielo (Luca Lucini, 2004)- triunfará en taquilla basando su éxito en tres factores fundamentales: su director, Fernando González Molina, cuya ópera prima “Fuga de cerebros” fue una de las películas españolas más taquilleras el pasado año; el indiscutible gancho de su pareja protagonista, un Mario Casas y una María Valverde de fuerte atractivo entre el público teen; y la novela de Moccia, un texto dirigido al corazón de un segmento social ávido de relatos que entronquen con su problemática vital aunque sea en forma de falaz fantasía romántica.
Cambiando Roma, el escenario donde se desarrolla la novela, por Barcelona, el film nos presenta a Babi (María Valverde), una chica de 17 años perteneciente a una familia acomodada, educada en un prestigioso colegio, estudiosa y con un espléndido futuro por delante. Una noche Babi acude con sus amigas y su novio a una fiesta organizada por unos amigos de clase alta. En la fiesta también se cuela Hache (Mario Casas), un chico rebelde, con antecedentes judiciales, amante del riesgo, aficionado a las motos, que siempre anda metido en peleas callejeras y con quien Babi había tenido un encontronazo ese mismo día por la mañana en un atasco de tráfico. Hache intenta que Babi le haga caso a pesar de que ella está acompañada, y todo acabará con un puñetazo al novio y con Babi arrojada a la piscina. No obstante e incomprensiblemente para este cronista, ella acaba sintiéndose atraída por el macho alpha macarra con el que iniciará una convulsa relación tras reencontrarse ambos en una carrera ilegal de motos.
Además de su vulgar premisa argumental, su lenguaje televisivo y su estética de chatarra desfasada, 3 METROS SOBRE EL CIELO apesta por su perturbadora loa reaccionaria que parece entronizar ídolos marginales cuyo único “don” consiste en la dialéctica de los puños y el constante reto a la muerte que de manera volcánica incita a su protagonista a vivir peligrosamente a 3 metros sobre el abismo. Y es que a pesar del esfuerzo de Mario Casas al espectador se le hace difícil empatizar con su odioso personaje (muy alejado sentimentalmente de aquellos inadaptados rebeldes sin causa pero con buen corazón), un tipo muy violento cuyas ocurrencias vandálicas no tienen justificación y que llega incluso a maltratar a la chica. Estamos ante una buena muestra en 24 fotogramas por segundo de la estupidez de una generación (la de los SMS, las redes sociales, las fiestas etílicas desmadradas, el riesgo permanente y las idolatrías livianas impuestas por la moda) que ha encontrado la batuta perfecta en un chato director que después de haber idealizado esa forma de vida antisocial y salvaje durante todo el metraje, se descuelga finalmente con la falsa disyuntiva de la reinserción del macarra o las fatales consecuencias de una vida díscola y a todas luces irracional.
Claro que la pobreza prosística-argumental de la base literaria no ayuda mucho, endeble e incluso infame en su propósito de convertirse en un canto dramático y desgarrador al amor imposible. Salpicada por todos los tópicos y arquetipos del cine de rebeldes: los personajes (la chica buena que se siente atraída por el chico salvaje y que como sus pandillas, pijos contra poligoneros, pertenecen a clases sociales muy distintas); las situaciones en las que se ven envueltos los protagonistas (las carreras de motos en las que participa él y la dedicación a los estudios a la espera de la universidad en que está enfrascada ella); y los temas (la disfuncionalidad familiar en casa de Hache, el choque generacional y las tensas relaciones paternofiliales). Recursos temáticos muy trillados como para sirvan para profundizar en un drama en el que cuanto más resonancia se da a personajes y situaciones menos creíbles resultan. Casas y Valverde hacen lo que pueden con sus nimios papeles (tampoco son James Dean y Natalie Wood) para levantar una función convertida en misérrimo esbozo de la vida real, tan volátil y falsa como los sentimientos mostrados en papel couché. Finalmente, puede dar igual que el film pueda caer en el error de mandar un mensaje equivocado (tanta fibra y pectorales, tanta ropa interior, tanta agresividad para conseguir lo que quiero ahora y tanta impostura misógina), porque ni existen mensajes de cierto alcance ni fondo en esos monigotes amamantados por sus familias y que se revuelven como mininos panza arriba contra la puta realidad de sus fracasos.



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