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viernes, 31 de diciembre de 2010

BRUC, EL DESAFÍO ♣♣♣

Botón de muestra de nuestro pasado más épico.


DIRECTOR: DANIEL BENMAYOR.
INTÉRPRETES: JUAN JOSÉ BALLESTA, VINCENT PÉREZ, ASTRID BREGÉS-FRISBEY, NICOLAS GIRAUD, SANTI MILLÁN.
GÉNERO: EVENTURAS / ESPAÑA / 2010  DURACIÓN: 95 MINUTOS.    


      Los historiadores atribuyen la identidad real del Niño del Tambor a Isidre Lluça i Casanovas, un  joven pastor de Sampedor que utilizando un tambor de las cofradías y debido al eco del sonido del tambor al chocar con las paredes de las Montañas Sagradas de Montserrat hizo creer a los franceses que el número de soldados españoles era muy superior al que realmente había, logrando que huyeran las tropas napoleónicas. Este cronista ha vivido muchos años en Cataluña y ha podido constatar que esta leyenda no ha sido nunca muy popular entre la mediocre clase política catalanista,  acomplejada por un victimismo ridículo y antropológico que han intentado equilibrar con toneladas de nacionalismo agresivo, difuminando su verdadera historia y tratando de ocultar las gestas y mitos que convirtieron ese espacio telúrico en bastión de la lucha contra los invasores en la Guerra de la Independencia: dos enfrentamientos que tuvieron lugar en junio de 1808 en la localidad barcelonesa de Bruch y en donde las tropas francesas (la más perfecta maquinaria de guerra) fueron derrotadas por primera vez, reconociendo Napoleón que “ese fue el comienzo de la tragedia de Francia”.

      Sin atisbo de profundidad histórico-política (en la falsa creencia de que la acción, la aventura y la violencia venden sin necesidad de ahondar mucho en sus raíces), y dirigida con energía y corrección visual por Daniel Benmayor (Paintball), BRUC, EL DESAFÍO nos narra la hazaña llevada a cabo por Bruc, apelativo con que es conocido  el joven carbonero Juan (Juan José Ballesta), que con sus manos aún heridas de tanto redoblar el tambor, ha acabado, él solo, con toda una columna de soldados del ejército de Napoleón. Todos le consideran un héroe, pero a él sólo le interesa su chica, Gloria (Astrid Bergés-Frisbey), la hija del médico del pueblo que le cura las heridas de las manos. Sin embargo, las tropas de Napoleón no se dan por vencidas y no pueden tolerar lo ocurrido en las montañas de Montserrat, que ha supuesto su primera derrota a los ojos del mundo. El propio emperador ordena a uno de sus mejores oficiales, Maravall (Vincent Pérez), la caza y captura del muchacho, al que debe cortar la cabeza, acción que llevará a cabo al mando de un grupo de sanguinarios mercenarios. El joven carbonero descubrirá, con el mayor dolor, que los franceses han matado a toda su familia e incendiado su casa, lo que provoca su huida a las montañas de Montserrat y, acosado, llevará a cabo su propia venganza.

      Sin calado histórico-político porque, como el espectador comprobará, la gesta del frenético redoble del tambor sólo aparece en un rápido flash-back (ay, esa cámara afectada por el párkinson) para centrarse en la arriesgada aventura del héroe perseguido por su pasado al que, para sobrevivir y vengar a sus muertos, no le queda más remedio que hacer frente a su incierto destino. Juan José Ballesta vuelve a demostrar que es un actor de talento muy limitado y de escasa capacidad expresiva, empero nos vale su presencia protagónica en un film de estructura muy sencilla: romance, tragedia y venganza son los ingredientes básicos que avivan la épica emotiva. Héroes y villanos, amor y dolor como la sal y pimienta de una premisa argumental sintética y muy convencional, con el aroma del western y recursos narrativos del thriller de vengadores. Entretenida, de resultona factura técnica, BRUC, EL DESAFÍO se nos presenta como una muestra más del juego del gato y el ratón en donde aquel episodio de nuestra gloriosa historia (héroes combatiendo por la libertad y los más puros ideales) se ve reducido a la simple anécdota.

      No obstante, hay detalles interesantes en este producto fast-food dirigido fundamentalmente al público juvenil: la precisa e inquietante presentación de Maravall, un temible villano curtido en mil batallas al frente de un grupo de salvajes asesinos a sueldo al que da oxígeno de manera convincente Vincent Pérez; la forma en cómo el desdichado carbonero prepara su venganza; los efectos visuales, el diseño de producción y los escenarios naturales que, aunque con saturación de planos aéreos, sitúan la película por encima de la media española. Si bien la particular escabechina llevada a cabo por Bruc demora demasiado el clímax final recreándose abusivamente en la suerte del protagonista, y en donde sobran algunas escenas de transición y ciertos desequilibrios narrativos, voy a dar mi apoyo a este botón de muestra de nuestro pasado más épico: ya que los jóvenes no leen, que al menos se aproximen a nuestra historia a través del cine.

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