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sábado, 26 de marzo de 2011

SUCKER PUNCH ♣♣♣


Las chicas son guerreras




DIRECTOR: ZACK SNYDER.
INTÉRPRETES: EMILY BROWNING, JENA MALONE, VANESSA HUDGENS, JAMIE CHUNG, ABBIE CORNISH, OSCAR ISAAC, SCOTT GLENN.
GÉNERO: FANTÁSTICO / EE. UU. / 2010  DURACIÓN: 108 MINUTOS.  
  
       El anterior film de Zack Snyder, Ga´Hoole: La leyenda de los guardianes (2010), supuso para este cronista una decepción importante, pero partiendo de que hasta el mejor escribiente echa un borrón, de nuevo vuelve por sus fueros para presentarnos esta fantasía de acción épica en la que demuestra que aquel joven cineasta que nos ilusionó con el potente remake del original de George A. Romero, Amanecer de los muertos (2004); la musculosa adaptación de la novela gráfica de Frank Miller, 300 (2008), y que se atrevió a trasladar a la pantalla grande los inadaptables cómics de Alan Moore para configurar la magnífica, visceral e incomprendida Watchmen (2009), va recobrando su buen pulso para deleitarnos con su estilo magnético y su excepcional talento visual.


       Ambientada en los años 50, SUCKER PUNCH sigue el dramático itinerario de una joven, Babydoll (Emily Browning), que es encerrada contra su voluntad en un siniestro hospital psiquiátrico por su malvado padrastro para que le practiquen una lobotomía. Decidida a sobrevivir se refugia en su imaginación construyendo un mundo paralelo que le permite escapar de su oscura realidad. Sin limitaciones de tiempo y espacio, tiene la libertad para ir donde su mente la lleve, y sus increíbles aventuras borran la línea entre lo real y lo imaginario. En su afán por escapar en busca de la libertad, Babydoll anima a otras compañeras del manicomio; la decidida Rocket (Jena Mlone); la astuta Blondie (Vanessa Hudgens); la implacablemente leal Amber (Jamie Chung); y la reacia Sweet Pea (Abbie Cornish), a escapar de su terrible destino a manos de sus captores: el corrupto y letal Blue Jones (Oscar Isaac), la pérfida Madame Vera Gorski (Carla Gugino) y el misterioso High Roller (John Hamm). Juntas deben robar cinco objetos antes de que Babydoll sea violada por Blue y se dispondrán a entablar un combate contra todo, desde samuráis a serpientes; con todo un arsenal virtual a su disposición. Una misión peligrosa en la que deben tener claro lo qué están dispuestas a sacrificar para permanecer vivas, pero con la ayuda de un hábil instructor de artes marciales, El Hombre Sabio (Scott Glenn), su increíble viaje –si lo consiguen- las liberará.

       Basada en una historia del propio Zack Snyder y un guión coescrito junto a Steve Shibuya, SUCKER PUNCH (en términos pugilísticos “golpe que se propina al adversario cuando se encuentra distraído”), se eleva como un artefacto entretenido con el que sus responsables deslumbran al espectador desplegando unos efectos visuales de última generación, subvirtiendo así las claves de la fábula fantástica clásica y prolongando la propuesta hacia paraísos e infiernos en donde con las nuevas tecnologías todo es posible. Y aunque en este puzle multireferencial de estética steampunk que mezcla el subgénero de las películas de fugas carcelarias y los cuentos de hadas con la herencia del manga y el anime, la influencia de cómics como Heavy Metal con la escenografía y el fetichismo del burlesque a lo Moulin Rouge y pautas narrativas cercanas a los juegos de plataformas, está pergeñado desde parámetros delirantes y psicotrópicos, sibilinamente se desliza un mensaje alegórico sobre el poder debelador de la sexualidad femenina ante el acoso misógino a lo largo de una historia que se diluye en sus propios excesos estéticos.



Estamos ante una rareza hipnótica que en demasiados momentos se muestra reiterativa, víctima de un guión algo desmadejado y de una historia que, como queda apuntado, es un modelo perfecto de pastiche referencial. Lo mejor de la función es sin duda el extraordinario lirismo de ese prólogo reflexivo y emocional que nos introduce en las dramáticas desventuras de la frágil y bella protagonista, introducción filmada a cámara lenta con un barroquismo pesadillesco. Punto de fuga para el desarrollo de esa especie de juego de rol que acontece después, en donde nuestras jóvenes y atractivas amazonas viajarán en el tiempo para batallar en guerras y luchar contra orcos, zombies nazis, dragones y robots intergalácticos con el fin de escapar del manicomio y de las garras de sus guardianes. En definitiva, un encadenado de videoclips prodigiosamente diseñados y endiabladamente acelerados en donde los cinco objetos sólo son un macguffin para hilar el relato. SUCKER PUNCH no es una gran película y ni mucho menos una propuesta original, pero hay algo en ella que te absorbe e imanta; será su atrevimiento, su deslumbrante universo visual o el mensaje libertario que fluye del subconsciente de su emblemática protagonista. En fin, una divertida fábula de realidades paralelas que deleitará a los jóvenes que han crecido en la cultura de los videojuegos, los videoclips y el lenguaje publicitario… y a todos aquellos que piensan que la magia del cine consiste en una “chica y una pistola”: paguen su entrada y tendrán sobredosis.   





   

lunes, 7 de marzo de 2011

CAMBIO DE PLANES: LA PELI YA NO VERSARÁ DE ZOMBIES

A habido una serie de modificaciones en la propuesta de la peli que se tenía pensado filmar en verano.
La sinopsis principal iba a ser, en principio, de zombies pero puesto que no disponemos de medios necesarios, ahora irá de un estilo a la peli 300 de Zack Snyder.


Probablemente se ruede en Gargáligas y/o alrededores. Toda la gente interesada de la comarca deje sus dudas en forma de comentario.

SECUESTRADOS ♣♣♣♣


                          Es española, es excelente y da mucho miedo

DIRECTOR: MIGUEL ÁNGEL VIVAS.
INTÉRPRETES: FERNANDO CAYO, MANUELA VELLÉS, ANA WAGENER, GUILLERMO BARRIENTOS, DRITAN BIBA, MATIJIN KUIPER.
GÉNERO: TERROR / ESPAÑA / 2010  DURACIÓN: 85 MINUTOS.  
  
       Aunque se trate de una perogrullada, voy a insistir sobre una cuestión que seguro resulta más preocupante para todos aquellos que viven en una tranquila y lujosa zona residencial rodeados de las más sofisticadas medidas de seguridad: créanme, a la hora de la verdad todas esas costosas medidas resultan dolorosamente inútiles, pregunten a José Luís Moreno. Es duro reconocerlo, pero el hogar, el lugar más sagrado que como individuos tenemos para expresar íntimamente nuestra libertad individual/emocional, puede ser en cualquier momento profanado sin que podamos hacer nada para evitarlo. Esa verdad está ahí afuera, y SECUESTRADOS demuestra que la simple rotura de un cristal basta para que se desate la peor de las pesadillas de una forma automática y brutal. El sevillano Miguel Ángel Vivas (Reflejos, 2003), se sirve de algo tan de moda como el temible secuestro exprés (que consiste en retener a los inquilinos en su propiedad y amenazarlos hasta conseguir el máximo dinero posible en pocas horas), para componer toda una sinfonía hiperrealista del horror con tan sólo doce planos-secuencia.

  La trama de este magnífico film se desarrolla más o menos así: El acomodado matrimonio formado por Jaime (Fernando Cayo) y Marta (Ana Wagener), se traslada con su hija Isabel, (Manuela Vellés), a una lujosa urbanización a las afueras de Madrid. La mudanza ha sido agotadora y celebran el traslado con una cena familiar y descorchando una botella de champán. Es entonces cuando, de repente, irrumpen en el nuevo hogar tres encapuchados albaneses que, desarrollando una violencia bestial, retienen a los miembros de la familia. Mientras el líder de los asaltantes sale con el padre y con todas las tarjetas de crédito y las claves de las del resto de la familia en busca de un cajero automático, las dos mujeres quedan secuestradas en su misma casa por los otros dos encapuchados. La tensión irá in crescendo hasta estallar en una explosión de violencia atroz.

      Miguel Ángel Vivas nos regala una obra de culto instantánea, de una violencia extasiante, seca, extrema y sin florituras, y como siempre habrá quien le acuse de desplegar una violencia gratuita, yo me seguiré preguntando ¿qué tipo de violencia no lo es? Lo importante es que derrocha verosimilitud reflejando una realidad tristemente cotidiana en nuestro país, a la cabeza de Europa en cuanto a número de asaltos violentos, y donde más allá de la incapacidad de nuestra sociedad para procesar esa tragedia mayestática tan reconocible (el escenario se convierte en un tablero infernal en el que seres racionales utilizan la palabra en un intento inútil para ganar la partida a otros seres que sólo se mueven por instintos), el film encuentra su mayor virtud en su feroz naturalismo, en los efluvios orgánicos, la fisicidad y cercanía del drama. Esa casa que actúa como un personaje más y en donde la tensión se puede cortar con un cuchillo, salpicándonos de lágrimas, sudor y sangre, electrizando nuestros tímpanos con gritos desgarradores, respirando el hálito de la desesperación y el sadismo en un hogar convertido ya en una brutal coreografía del pánico no apta para un público sensible. Lo logra gracias a las impecables actuaciones de un elenco en estado de gracia ante el complicado reto de unas secuencias extraordinariamente dilatadas.
     
      Precedida de referencias tan significativas como De repente (Lewis Allen, 1954), 37 horas desesperadas (Michael Cimino, 1990), La habitación del pánico (David Fincher, 2002), Los Extraños (Bryan Bertino, 2008), y sobre todo Funny Games (Michael Haneke, 1997), una propuesta, en todo caso, más intelectual y mucho menos visceral que esta orgía arrebatadora en que se convierte SECUESTRADOS, el cineasta andaluz otorga coherencia a la trama con un contundente prólogo sobre un hecho real que sitúa la acción en el alarmante contexto histórico en que nos encontramos. No escatima en recursos técnicos con esa cámara que a modo de ojo de cíclope no pierde detalle y sigue la acción de forma obsesiva, o esa pantalla dividida que nos muestra dos situaciones diferentes que tienen lugar al mismo tiempo y que se desarrollan en el mismo lugar. En fin, una dirección enérgica, un espléndido guión, un poderoso empaque visual, excelentes interpretaciones, una historia estremecedora narrada sin concesiones ni metáforas ni análisis sociales ni piedad con una platea que intenta combatir íntimamente el miedo repitiendo: “es sólo una película, es sólo una película, es sólo una película… ”